¿Y si no nos adaptamos a la IA?

El aumento en la capacidad productiva ha hecho que el ser humano pase de ser una especie que sobrevive a una que controla, en cierta medida, los sucesos a su alrededor.

La economía empezó a basarse en la producción agrícula y en las transacciones de intercambio simple, pero con la llegada de la revolución industrial y el énfasis en la manufactura, la economía tuvo un revolcón. Se crearon nuevas maneras de producir, crecen las ciudades y aparecen trabajos desconocidos.

De la era industrial pasamos a la de los servicios, y los cambios han sido impresionantes en el mismo sentido. Sumándole la aparición del internet también aparecen nuevas maneras de concebir el mundo y de producir. Estas transformaciones han tenido resultados positivos en general, pero también han dejado atrás a muchas personas, que por edad o por contexto no pudieron adaptarse al cambio.

Ahora vamos en camino a la era de la Inteligencia Artificial (IA). Sería necio ignorar que las grandes transformaciones que se nos avecinan traen con ellas una recesión económica.

Es posible que nos encaminemos a la digitalización y automatización de muchos de los trabajos, en beneficio de aumentar la productividad y el desarrollo.

Según un estudio del National Bureau of Economic Research, el aumento de la productividad debido a la inteligencia artificial (IA) puede variar significativamente dependiendo del sector, la aplicación específica y la implementación adecuada de la tecnología.

En algunos casos, se ha demostrado que la IA puede aumentar la productividad en un rango que va desde un 10% hasta más del 50%, e incluso en algunos casos excepcionales, superando el 100%.

Aún son cifras aproximadas y no todos los sectores se verían igual de beneficiados por estas transformaciones, además la humanidad está lejos de tener la infraestructura para que muchas cosas operen con IA. Aún hay tiempo.

Porque si bien imaginamos con claridad un futuro con profesionales educados, capaces, que operen grandes maquinarias con simpleza, y con una industria más limpia y eficiente, es necesario pensar en las personas que se quedan atrás.

¿Estaremos preparados como humanidad para apoyar a aquellos que no logren hacer la transición hacia una productividad centrada en la inteligencia artificial? ¿Qué pasará con ellos? ¿Veremos un aumento del desempleo? Esto afectará a personas en todos los lugares de la economía, desde los presidentes hasta los vendedores de todas las compañías.

La solución a este inconveniente debe ir en dos vías. La primera, crear unos vouchers que permitan a las personas acceder a programas de capacitación, que preparen tanto a gerentes como empleados para enfrentar esta nueva era. Pero también debemos considerar soluciones temporales, como una Renta Básica que permita la supervivencia de las personas que no están adaptadas.

La transición va cada vez más rápido y si no nos encargamos de esta situación, un problema social más grave, con gente más desesperada, podría avecinarse. Es imperativo que actuemos con visión y solidaridad, asegurando que nadie quede rezagado en este proceso. Al trabajar juntos, podemos crear un futuro en el que la tecnología mejore la calidad de vida de todos, sin dejar a nadie atrás.

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